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Algo que encontre interesante, saludosLa profecía En Atenquique, el domingo 16 de octubre de 1955, un anciano, al pasar junto de ellos, les dijo: «Señores, hace 40 años dejó de correr agua en el río; pero en poco tiempo, todo esto se inundará». Ese domingo de 1955, a las diez de la mañana se había iniciado la Misa Pro populo, la Misa mayor; el templo estaba abarrotado de fieles. En días anteriores había llovido mucho, y el río que venía desde El Nevado había amanecido sin corriente. Atenquique se encuentra situado entre dos lomas; el templo está allí en medio, en lo más bajo; detrás de éste se asoma el pico del Nevado. El terreno volcánico es propenso a desgajarse y formar grandes represas; eso fue precisamente lo que sucedió aquel domingo, como había dicho el anciano. Con el aire bajaba un rumor sordo y presagiante. El Padre Ausencio, avisado por esa declaración misteriosa del anciano, instó a todos los fieles a arrepentirse, dio por concluida con premura la Misa y los exhortó a ponerse a salvo. En minutos, el templo quedó solo. Entonces, el agua comenzó a llegar al pueblo con violencia. El sacerdote trató, como pudo, de estar al pendiente de la reserva del Santísimo en el sagrario; traía en su mano el breviario, la custodia y una canastilla, cuando dos piedras enormes se estrellaron contra la pared trasera del templo, rompiendo el muro. El agua comenzó a anegar el recinto sagrado. El padre, Pablita, Ramona, una religiosa y un acólito se encontraban en el presbiterio. Se subieron al altar; como única vía de salida. El sacerdote dio la absolución a sus acompañantes, y desde el altar invitó a la encargada del coro, apostada en la parte superior del recinto, a que también la recibiera; ella accedió, y el sacerdote extendió el brazo para impartirle la absolución cuando un fuerte tronido vino de la parte trasera del retablo. El Padre Ausencio volteó presuroso, y en ese momento una astilla de piedra le pegó en la sien derecha, y una enorme roca, se dice que pesaba poco más de siete toneladas, arrasó a su paso con la pared, el retablo, el altar, y todo el templo. El sacerdote murió en ese momento. Numerosos hogares y personas fueron arrastrados por la corriente; incluso una camioneta, con rollos de papel y varios trabajadores en su interior, también fue arrastrada. “Ni Dios se escapó” Fue lo que dijeron los vecinos, al ver cómo el templo era desgajado y con éste, el altar y el sagrario por aquellas aguas terribles. Pero no, Dios quiso dar, en esta lamentable catástrofe, un signo de alabanza a la diligencia y el celo del Padre Ausencio, al no abandonar el templo y el sagrario. No se sabe con certeza cuál fue el número de ahogados; lo que sí sabe es que fueron muchos, sólo se pudieron localizar 35 cuerpos. ¿Qué sucedió con el sagrario, con el Santísimo? Tras retirar los escombros de aquel lugar donde estuvo el templo, el sagrario fue encontrado aplastado, el copón un poco aplanado, y por consiguiente más herméticamente cerrado; lo admirable fue que las formas se encontraban intactas, tan sólo un poco húmeda la Hostia de la exposición. Siguiendo el rastro del río El cuerpo del Padre Ausencio fue devuelto por el agua; en una parte donde el río da una vuelta, fue impulsado a las ramas de un árbol; lo hallaron vestido solamente con las hojas del árbol. La base del arcoiris pareció señalar su lugar, a 24 kilómetros de Atenquique. Pablita, su hermana, fue encontrada a 40 kilómetros y Ramona, todavía más lejos. Fueron llevados los restos a Atenquique. La Misa en su honor fue celebrada por el Obispo Francisco Javier Nuño, en 1959. En tanto que sus restos fueron depositados en el Presbiterio, del nuevo templo. Tempus fugit, el tiempo vuela, y la plática y el recuerdo de Ausencio es algo sagrado en esos viejos rumbos de El Mentidero y Tolimán. Ya casi se cumplen 50 años de aquellos hechos, pero eso no quita la grandeza de esas personas que, no obstante que el agua los arrastró y cegó sus vidas, sus almas se quedaron prendidas al sagrario maltrecho de aquel templo, donde se conservó incólume Aquél a quien amaban sus corazones: Jesús-Eucaristía, por quien vivieron y murieron, finalmente.(Posted by guest: Samuel Díaz) posted to Atenquique. at Sat Feb 05 22:18:44 EST 2005. Nearby
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